Playa del Carmen

Playa del Carmen: primera cita con el Mar Caribe

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24 Abr , 2014  

Visité a México por primera vez a comienzos del año 2009. Siendo una de mis primeras experiencias viajando sola, el país azteca fue como una tormenta de estímulos intensificada: desde el hablar simpático de los mexicanos, pasando por los aromas de su cocina, el picante redentor y, por supuesto, su historia. Aun sabiendo que el tiempo en viaje a veces es escaso, quise aprovechar todo al máximo y me metí en cuanta ruina encontré a mi paso. Tras dos semanas de ciudades precolombinas y de urbes modernas, comencé a añorar el sabor del mar.

Arco Iris en Playa del Carmen

Llegué a Playa del Carmen por la tarde, luego de una estancia prolongada en Mérida y de negarme a ver la costa en Cancún, desde arriba del auto. Quería que mi primer encuentro con las aguas caribeñas fuera en vivo y en directo, con los pies en la arena blanca y la sal en las mejillas. Creo que el vehículo no había alcanzado a estacionar, que yo ya había dado un salto, cargado mi mochila, y me había echado a correr tras las gaviotas, en busca de las olas. Antes de conseguir un hotel, de tomar una merienda, de sacar mi cámara de fotos, lo que más ansiaba era meter mis pies en el mar. Lo primero que me impactó fue el color. Me dejó perpleja. Para alguien que viene directo del cono sur, donde el mar es bravío y chocolate, la primera cita con el caribe es cosa de una vez en la vida. En probable que a ese encuentro le sigan otros (muchos, si se tiene suerte), tal vez mejores, tal vez no. Pero un viajero nunca olvida ese impacto, esas ganas de querer nadarlo todo, de meter esa intensidad fresca en una cajita y guardarla para siempre. La espuma burbujeante venía montada en olas verdes, espesas, límpidas. Y allá en el horizonte una línea clara dividía las aguas y todo era de un turquesa penetrante, como uno supone que debe ser el mar. Me senté a vivir el rato.

Playa del Carmen     

Más tarde me dediqué a buscar donde dormir y, una vez instalada, salí a conocer un poco esa ciudad que se arrinconaba sobre la costa. Ya no quedaba nada de ese pueblito pequeño y sin líneas telefónicas, sobre el que había leído unos años atrás. Sin embargo, el pueblo ahora convertido en ciudad había sabido conservar su encanto. Playa del Carmen era toda una ciudad, repleta de viajeros y ofertas para todos los gustos. Restaurantes, café, tienda de souvenirs: toda la vida turística desplegada en las veredas. Aquí sonaban mariachis, más allá alguien servía una enchilada y era imposible sentir que todo alrededor era una continua invitación. No necesité demasiado para decidirlo: los dos días que tenía pensado destinarle iban a convertirse en cinco.

Playa del Carmen

Nadé, comí de lo mejor, disfruté de la noche. Playa del Carmen era un sitio perfecto para hacer base y recorrer parte de la península de Yucatán. Así fue que pasé un día en el vecino parque de Xel-Ha y, para no dejar de extrañar las pirámides, me hice una escapada hasta Chichen Itzá. Cuando llegó el momento de partir, me despedí de ese mar con la promesa de una segunda cita. No podía pensar en un sitio mejor que Playa de Carmen para haberlo conocido por primera vez.

Playa del Carmen

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Laura Lazzarino
Laura Lazzarino (Argentina, 1985) es Lic. en Turismo, creadora del blog www.losviajesdenena.com y autora de Caminos Invisibles – 36000 km a dedo de Antártida a las Guayanas. Ha recorrido más de 30 países de forma independiente. Es colaboradora de la revista National Geographic Viajes (España) y Buen Viaje (México).
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